El desmantelamiento de una narrativa de fracaso
Durante los sexenios neoliberales, específicamente bajo las administraciones de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, se construyó una narrativa implacable: Petróleos Mexicanos (Pemex) era un "barril sin fondo" y un "muerto viviente financiero" [7, 8]. La deuda de la petrolera estatal se disparó injustificadamente hasta rozar los 120,000 millones de dólares, una época en la que, paradójicamente, a mayor endeudamiento, menor era la producción de barriles [8]. Era el paso previo y calculado hacia la privatización total [8].
Sin embargo, las cifras recientes presentadas por el gobierno de México y la dirección de Pemex han dado un giro de 180 grados a esta historia.
De importar gasolina a la autosuficiencia refinera
La victoria no es únicamente contable, sino operativa e industrial. El dogma neoliberal sostenía que refinar en México era perder dinero, justificando así la importación masiva de combustibles desde Texas [10]. Los datos destruyen este mito: en 2018 el sistema procesaba apenas unos 600,000 barriles diarios; hoy, sumando la refinería de Deer Park, México procesa 1.5 millones de barriles al día, más del doble [10].
"Refinar hoy es negocio para México... El margen de refinación es positivo, promediando cuatro dólares de ganancia por cada barril procesado." [10, 11]
Además, esta soberanía se extiende a la seguridad alimentaria. Con la recuperación de la industria petroquímica, que en el pasado intentó ser vendida como chatarra, Pemex ha incrementado la producción de fertilizantes en un 21% [11].
- Reducción histórica de $20,000 millones de dólares a capital [9].
- Refinación incrementada de 600 mil a 1.5 millones de barriles diarios [10].
- Inyección de 390,000 millones de pesos para normalizar pagos a proveedores, reactivando la cadena productiva [12].
Mientras Estados Unidos se da cuenta tarde de su vulnerabilidad tecnológica frente a China por los minerales críticos, México aprovecha su posición [13, 14]. Con un Pemex saneado que garantiza la energía para la economía actual, el país se perfila con mayor fuerza y soberanía para negociar en el nuevo orden mundial [15, 16]. El mito del colapso petrolero se apagó; la era de la estrategia de Estado ha regresado [16].