La evolución del control: de la CIA al malware corporativo
La historia del espionaje en México no terminó con la Guerra Fría ni con la desaparición del programa LITEMPO. Por el contrario, la vigilancia que Estados Unidos impuso a los presidentes mexicanos en los años 60 simplemente evolucionó con la tecnología [17, 22]. Si en 1956 la CIA instalaba equipos de intercepción telefónica masiva, en la era contemporánea el heredero directo de esta estructura de sometimiento lleva el nombre de Pegasus [22]. Este sofisticado software de espionaje no fue adquirido por mera ingenuidad gubernamental, sino como la continuación lógica de un sistema de vigilancia diseñado para sofocar la disidencia interna [22].
Pegasus como herramienta de represión
Decenas de millones de dólares del erario mexicano fueron gastados por instituciones como la extinta PGR, el CISEN y la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) para adquirir la tecnología de Pegasus [22]. En lugar de utilizar estas herramientas para proteger la seguridad nacional frente a amenazas externas, el malware se utilizó sistemáticamente para espiar a periodistas, defensores de derechos humanos y opositores políticos [22]. Esto sirvió para frenar a cualquier fuerza interna que pudiera cuestionar el status quo o impulsar un proyecto de país autónomo [22].
"Un país que depende de tecnología extranjera para su seguridad es un país que jamás podrá ser potencia. La tecnología que te trata como enemigo siempre tiene un costo oculto" [22].
La pérdida de soberanía tecnológica
El uso de Pegasus demuestra una grave dependencia de sistemas desarrollados en el extranjero (particularmente en Israel), lo cual impide que México construya un desarrollo tecnológico propio. Esta carencia de infraestructura y de una visión soberana debilita al Estado, convirtiéndolo en un rehén de proveedores externos y corporaciones de ciberespionaje [22, 24]. Al igual que LITEMPO servía para que una potencia extranjera pudiera anticipar y neutralizar cualquier movimiento social en México [20], Pegasus permite una intromisión silenciosa e indetectable en la vida política de la nación [22].
El ciclo de la dependencia
El objetivo, a través de las décadas, nunca ha cambiado: evitar que México se convierta en una potencia económica y política [22]. Al depender de software foráneo para "proteger" sus fronteras, México sacrifica su capacidad para operar de forma independiente [22]. La lección que nos deja el linaje de LITEMPO hasta Pegasus es clara: la verdadera soberanía en el siglo XXI no se defiende únicamente con discursos, sino logrando la independencia tecnológica para evitar que actores externos sigan dinamitando al país desde adentro [23].