El plan secreto para frenar a una superpotencia
México tenía todo el perfil geopolítico para convertirse en una superpotencia influyente durante el siglo XX: recursos naturales, ubicación estratégica y estabilidad política [17]. Sin embargo, para Estados Unidos, un México fuerte y autónomo representaba una amenaza a su doctrina de seguridad en plena Guerra Fría [18]. Para evitar que el país controlara sus recursos y se erigiera como un líder regional, Washington diseñó una operación encubierta de infiltración silenciosa y letal conocida como LITEMPO [17, 18].
Presidentes mexicanos al servicio de la CIA
LITEMPO no fue un acuerdo de cooperación bilateral, sino un mecanismo estricto de control [18]. Documentos desclasificados revelan que la CIA reclutó a figuras de la más alta cúpula del Estado mexicano, incluyendo a presidentes en funciones [18, 19]. Adolfo López Mateos operaba bajo el código "Litempo 1", Gustavo Díaz Ordaz como "Litempo 2", y Luis Echeverría como "Litempo 8" y posteriormente "Litempo 14" [19]. Estos líderes entregaban información interna estratégica, redes de opositores y movimientos sociales directamente a Washington, a cambio de tecnología de espionaje y apoyo político para sostener su régimen [19].
"Estos hombres lideraban México mientras entregaban información estratégica a una agencia extranjera... hablamos del mapa completo de la estabilidad política de un país" [19].
Espionaje masivo y la tragedia del 68
La operación LITEMPO incluyó el programa ENVOY, un sistema de intercepción telefónica masiva donde el gobierno mexicano pinchaba líneas de embajadas, periodistas, estudiantes y empresarios, enviando los datos a Washington [20]. Cualquier brote de liderazgo independiente que pudiera reconfigurar a México hacia el progreso era identificado y sofocado [20]. El clímax trágico de esta alianza fue la masacre de Tlatelolco en 1968, donde la CIA estaba profundamente integrada en la estructura represiva [20, 21]. El jefe del Estado Mayor Presidencial, Luis Gutiérrez Oropeza, amigo del jefe de la CIA en México, Winston Scott, colocó a los francotiradores que iniciaron la masacre [21].
El costo de la soberanía entregada
Aquel movimiento estudiantil representaba a una generación ilustrada que soñaba con un México moderno y democrático, pero fue aplastada para mantener el control extranjero [21]. A partir de ese momento, la vigilancia se modernizó radicalmente con fibra óptica y computadoras, procesando más inteligencia que la estación de la CIA en Berlín [21, 22]. LITEMPO fue el inicio de un sabotaje sistemático desde adentro que impidió a México construir una política exterior independiente, una industria propia y un peso fuerte [22, 23]. Hoy, la historia nos demuestra que la soberanía no se presume, se ejerce; y cuando se entrega, el país entero queda hipotecado [23].