La paradoja del poder en el segundo piso de la transformación
Construir un proyecto ético basado en el "no mentir, no robar y no traicionar", para después nombrar en altos cargos a personajes con los peores historiales de la vieja política, es el nudo gordiano que hoy ahoga a la Cuarta Transformación [38, 39]. Lo que en 2018 fue una estrategia pragmática de "puertas abiertas" necesaria para vencer al bloque neoliberal, hoy se ha convertido en una peligrosa norma dentro de Morena [39]. Con mayoría en el Congreso y el control casi total de los estados, el movimiento gobernante recicla piezas oxidadas del PRI y del PAN, poniendo en riesgo la integridad estructural de su propio proyecto de nación [39, 40].
El enemigo duerme en casa
La presidenta Claudia Sheinbaum emitió recientemente una carta reafirmando que la corrupción no se tolera y que el fin no justifica los medios [39]. Sin embargo, la realidad contradice este discurso cuando se observa a gobernadores locales operando como "virreyes feudales" que replican las mismas mañas clientelares del pasado, pero ahora enfundados en el chaleco guinda [41]. Al integrar a estos "fontaneros del viejo sistema" bajo la excusa de la experiencia y la gobernabilidad, Morena no solo traiciona a sus bases, sino que arma un ejército de resistencia conservadora dentro de su propia fortaleza [40, 42].
"La izquierda se derrota a sí misma cuando se corrompe... La oposición tradicional está moralmente derrotada casi inexistente entonces la verdadera oposición, el verdadero peligro, está adentro" [43].
El desgaste de la legitimidad moral
El reciclaje constante de operadores corruptos envía un mensaje tóxico a las nuevas generaciones de la 4T: la honestidad importa menos que la astucia mafiosa [42, 44]. La historia latinoamericana advierte que los proyectos progresistas rara vez son destruidos por la derecha, sino que colapsan por la hipocresía interna y el desencanto popular [43]. A pesar del inmenso capital político de Sheinbaum, la falta de una institucionalidad sólida en el partido permite que se tomen decisiones que frustran al electorado, el cual votó por una limpieza total, no por un cambio de pintura en la fachada [41, 45, 46].
La crítica como lealtad, no como traición
Frente a este escenario, el silencio de los aduladores es el pasaporte directo al precipicio [47]. La verdadera reserva moral del obradorismo reside en aquellos ciudadanos y medios que exigen congruencia, recordando que la unidad con los corruptos es simple complicidad [43, 47]. Si el gobierno en este segundo piso de la transformación no tiene el coraje de purgar sus filas y enfrentar a los intereses creados, la factura política será impagable de cara a las próximas elecciones intermedias [48, 49]. Mantener limpia la casa exige sacar la basura, sin importar los costos tácticos inmediatos [48].