El brindis de Año Nuevo de 2025 dejó un sabor decididamente agridulce: celebramos haber sobrevivido a un ciclo intenso, pero los titulares globales advierten que el 2026 nos espera con los guantes de boxeo puestos y una sonrisa bastante macabra [1]. Si el año pasado fue la calma antes de la tormenta y el tiempo de las advertencias, este nuevo ciclo se perfila de forma innegable como el año de las consecuencias [1]. Como analistas de la geopolítica, es imperativo desentrañar esta madeja, pues no nos enfrentamos a un simple cambio de calendario, sino a una reconfiguración brutal del poder a nivel mundial [1].
El Imperio y la Mutación del Poder: Estados Unidos
Existe una narrativa sumamente cómoda que dibuja el retorno de Donald Trump al poder como el acto impredecible de un loco solitario; sin embargo, la realidad estratégica es mucho más oscura [1, 2]. En el tablero actual, Trump opera como el hijo bastardo del neoliberalismo, erigiéndose como la cara visible de una corporación respaldada por un ejército [2]. El verdadero poder en Washington ha mutado hacia una amalgama inquebrantable de intereses tecnológicos, militares y financieros, heredera directa de ese complejo militar industrial del que ya advertía Eisenhower [2].
Los movimientos internacionales que presenciamos hoy, desde las fuertes presiones sobre Venezuela hasta la crisis bélica en Gaza, no responden a meros caprichos ideológicos [2]. Son cálculos fríos por recursos vitales como el gas y el petróleo, así como por el control territorial absoluto [2]. El imperio estadounidense no caerá de forma pacífica; su declive será ruidoso y el 2026 agudizará estas tensiones de manera dramática [2].
El Patio Trasero y el Choque de Titanes
En esta dinámica de potencias, la fricción con China impacta directamente a Latinoamérica, convirtiéndonos en el epicentro de una disputa hegemónica [2]. Para Estados Unidos, bloquear el avance de Pekín en nuestra región no es un ejercicio de diplomacia, sino una cuestión de estricta supervivencia económica [2, 3]. Están dispuestos a desestabilizar gobiernos o apretar tuercas económicas para mantener su zona de influencia [3].
"No quiero ser catastrofista pero los imperios heridos son peligrosos y en medio de ese choque de titanes el sur global nosotros somos los que ponemos los recursos y a veces los muertos." [3]
México: La Encrucijada Interna y la Vieja Aristocracia
Mientras el mundo se disputa el control, México enfrenta sus propios demonios. El cierre de 2025 estuvo marcado por la tragedia del tren interoceánico, un siniestro que cobró la vida de 13 personas [3]. Aunque en la esfera pública se debate entre el sabotaje y la negligencia, hay un dato gravísimo que exige fiscalización: las empresas encargadas de la corrección de las vías en la zona del siniestro pertenecen a la familia Hank [3, 4].
Hablamos de la vieja aristocracia política del Grupo Atlacomulco, un linaje histórico vinculado al lavado de dinero, a la corrupción y a grupos criminales, según agencias estadounidenses [4]. Resulta una contradicción brutal que, en plena Cuarta Transformación, estos fantasmas sigan cenando en la mesa principal y cobrando millonarios contratos del erario [4]. Es vital cuestionar por qué dependencias como la Marina entregaron estas obras; si hubo fallas estructurales es corrupción, y si fue sabotaje, debe investigarse quién se beneficia políticamente [4, 5].
- La fiscalía se encuentra investigando los hechos mediante la reconstrucción de la escena y el análisis de la caja negra [3].
- La prensa corporativa, actuando como carroña mediática, ha utilizado la tragedia para golpear al gobierno manipulando datos [5].
- La credibilidad del actual gobierno dependerá de que se castigue a los responsables, sin importar que se apelliden Hank [5].
El Liderazgo de Sheinbaum y la Articulación de la Ultraderecha
En medio de estas crisis, la presidenta Claudia Sheinbaum se ha consolidado como el personaje del año [5, 6]. Ha demostrado una impresionante capacidad de liderazgo y autoridad moral, jugando un complejo ajedrez en tres frentes: contra el intervencionismo de Trump, contra la oposición carroñera nacional, y contra los falsos amigos dentro de su propio movimiento que negocian por debajo de la mesa [6]. Su postura firme en foros internacionales ha defendido la soberanía mexicana con una dignidad notable [6].
No obstante, el horizonte político interno presenta una amenaza latente. El intento de Eduardo Verástegui de formar un partido político de ultraderecha fue un fracaso tragicómico [6, 7]. Visto por la ciudadanía más como un modelo equivocado de set de grabación que como un estadista, su estrategia demostró que en México no basta con rezar el rosario en campaña [7]. Sin embargo, cometeríamos un error al dar el tema por cerrado: el personaje fracasó, pero su intención sigue viva [7].
La ultraderecha está mutando. Ya no buscan un mesías, sino construir una estructura sólida y unida contra la agenda de derechos y la igualdad, financiando campañas de odio y articulándose con movimientos fascistas globales [7, 8]. Como nos advierte la historia, el fascismo siempre comienza pareciendo ridículo hasta que se vuelve peligroso [8]. El 2026 será un año de resistencia frontal donde la disputa es entre el capital y la vida, exigiendo a la sociedad mantener los ojos abiertos, una mente crítica y una sólida organización [8, 9].